“Que los ministros cambien a menudo es un mal; pero hay uno peor, y es cuando un ministro malo no cambia nunca”. (sic) Pelet de la Lozère
Hace años se viene otorgando el poder sobre la pesca a desconocidos que priorizan los intereses económicos antes que la sostenibilidad de los recursos. Para ellos, el futuro del recurso es lo menos importante, lo que cuenta es el crecimiento macroeconómico y la rentabilidad empresarial
En el contexto descrito, desde hace años, en todas las temporadas de pesca de anchoveta se presenta el problema de exceso de captura de ejemplares juveniles. En una más que en otras, pero ocurre en todas las temporadas.
En cada temporada, ante esta ocurrencia, muchos gremios de pescadores protestan, de una u otra forma. Bien sea con comunicados en redes sociales, mediante cartas a las autoridades o lo que fuese. Por otro lado, muchas personas y organizaciones apoyan sus comunicados y abogan por una pesquería de anchoveta sostenible y responsable.
Sin embargo, en cada oportunidad el Ministerio ignora todo esto y sale a defender su persistencia en la captura de juveniles, con los mismos argumentos: que está dentro de los rangos permisibles según dice IMARPE. La decisión administrativa y política se escuda detrás de los informes de IMARPE.
Pero más allá de la formalidad y legitimidad de las decisiones administrativas, hay dos razones simples que explicarían, en cada temporada, la razón por la cual las quejas y reclamos por el exceso de captura de anchoveta juvenil no se atienden ni se atenderán:
La primera es que el aporte de la pesqueria de anchoveta y las exportaciones de harina contribuyen al crecimiento del PBI de forma importante. Dado que el dogma del modelo es que el PBI es indicativo de bonanza, crecimiento y éxito económico, siempre el MEF y el sistema, presionarán para que las temporadas de pesca de anchoveta no sean interrumpidas, sin importar la incidencia de juveniles. En este escenario, la biología no puede detener el progreso macroeconómico del momento. El de mañana no importa porque habrá otros funcionarios que se encarguen de lidiar con el problema.
La segunda es que la rentabilidad de la industria reductora de harina de pescado no puede ponerse en riesgo. La industria, especialmente la exportadora, debe defenderse a toda costa, aún sacrificando un recurso natural hoy. Mañana, ya se verá. Sobre todo hoy, ya que en 2026 hay indicios de un Niño fuerte que podría impedir una segunda temporada de anchoveta en este año. Ello conllevaría un serio problema para la rentabilidad de la industria y para el crecimiento del PBI.
El poder económico domina los medios de comunicación convencionales y defienden su posición con argumentos basados en la información de IMARPE. Claro que ya pocos prestan atención a estos medios; pero igual marcan el dominio del terreno mediático.
En esta realidad, las protestas y reclamos en defensa de la sostenibilidad de la anchoveta, tal como vienen planteándose, han sido, son y serán inútiles. Los defensores de la anchoveta deberían analizar el fondo y el origen del problema y actuar sobre el mismo, no sobre los efectos. Ya deberían haberse dado cuenta de que el Ministerio no escucha reclamos escritos, en redes ni de ninguna parte. La falta de unidad de los gremios y la inexistencia de un frente común tampoco ayuda mucho.
En mayo de 2026, las autoridades con poder para regular debidamente la pesca de anchoveta están a tres meses de dejar sus cargos. ¿Por qué deberían preocuparse por la sostenibilidad de la pesca en lugar de preocuparse por su futuro laboral inmediato y/o en el nuevo gobierno?
La realidad impone su propio paisaje y los hechos están a la vista. Lo que prima es el crecimiento del PBI, la rentabilidad de la industria y el futuro de los funcionarios que hoy podrían actuar correctamente si su interés fuese el país, lo cual no es así.
Esto no se trata de ciencia ni de sostenibilidad de la anchoveta. Se trata básicamente de dinero en primer lugar, de impacto macroeconómico en segundo lugar y de política y futuro laboral en tercer lugar. Lo demás son cuentos.
Mientras las decisiones sobre la pesca en general se basen en la política y el dinero, nada de lo que se haga cambiará los hechos y la pesca continuará hasta su total extinción. Mientras la autoridad científica esté subordinada al poder político, nada cambiará. Mientras quien preside el Imarpe sea el empleado de un ministro, o sea su subordinado, nada cambiará porque estará obligado a hacer lo que ordene su patrón, o será reemplazado por alguien que acepte la sumisión. Esos son los hechos.