El mayor fallo de la gestión es que ni los pescadores ni los gestores poseen los conocimientos necesarios para dirigir algo tan complejo como un ecosistema marino costero. El derecho a pescar no se debería basar en si uno dispone del dinero suficiente para comprarse un barco, sino en los conocimientos y la voluntad de trabajar en colaboración con los gestores y los científicos para hacer que la pesca sea sostenible. El derecho a pescar se debería ganar o perder según la voluntad de aceptar unos límites razonables a las capturas.

Paul Greenberg

13 de junio de 2026

EL NEGOCIO DE LA PESCA:

 

PESCA INSTITUCIONALIDAD Y POLITICA

 

EL NUDO DEL PROBLEMA

La pesca es un caso emblemático de cómo el Perú gestiona (o no gestiona) sus recursos naturales. El núcleo del problema es la gran renta industrial. Lo más revelador no es lo que se debate, sino lo que se evita debatir.

Cuando la política no lidera, la institucionalidad no regula, y la economía no redistribuye, la riqueza se convierte en oportunidad perdida. El problema no es cuánto pescado hay, sino quién decide sobre él. El mar es público, la renta no tanto. Sin institucionalidad, la abundancia es solo extractivismo eficiente.

No se habla de reformar derechos de pesca;  aumentar la captura de renta; redistribuir beneficios, o cambiar el modelo productivo. Porque hacerlo implicaría admitir algo incómodo: que el Estado ha sido un actor débil en uno de los sectores más rentables del país.

El mar secuestrado: cómo la política renunció a gobernar la pesca en el Perú

En el Perú, el mar no es de todos. Aunque la Constitución diga lo contrario, en la práctica tiene dueños funcionales: quienes capturan la renta mientras el Estado mira desde la orilla.

El problema no es la falta de normas. Es peor, es la falta de voluntad para hacerlas cumplir.

La fiscalización es débil, las sanciones no disuaden y las decisiones clave carecen de transparencia. En ese contexto, la institucionalidad funciona más como una formalidad que como un contrapeso real. El resultado es un sistema donde el cumplimiento es negociable. ¿Cuántas veces un ministro de turno a rebajado multas impuestas o dejado sin efecto algunas, por ejemplo?

El Perú no tiene un problema de mar. Tiene un problema de poder. Y mientras la política siga administrando silencios en lugar de tomar decisiones, la pesca seguirá siendo lo  que es hoy: un negocio extraordinario… con un Estado ausente.

En el Perú, la pesca es un caso de manual de cómo el poder económico disciplina al poder político. Aquí hay nombres propios, responsabilidades concretas y una cadena de decisiones y omisiones que explican por qué la renta del mar termina en pocas manos.

Una sola muestra para entender mejor el tema. El Decreto Legislativo 1084 que crea las cuota de anchoveta para CHI fue promulgado dentro de un paquete de normas destinadas al TLC con Estados Unidos. Se introdujo indebidamente. ¿Quién lo elaboró? ¿Dónde está el informe técnico? Se elaboró fuera del Ministerio. ¿quién lo hizo y quién lo pagó? No fue el Ministerio de la Producción.

El regulador que no regula: PRODUCE

El Ministerio de la Producción (PRODUCE) administra el diseño de cuotas, temporadas y derechos. En el papel, es el árbitro. En la práctica, actúa como administrador de un statu quo que rara vez incomoda a los grandes jugadores.

Bajo gobiernos sucesivos,  la constante no ha sido la reforma, sino la prudencia política; ajustes marginales; debates postergados y una renuencia sistemática a revisar cuánto paga realmente la industria por explotar un recurso público.

El poder del Ministro es casi absoluto. Designa a los jefes de los Organismos Públicos y a todos los funcionarios. Así como los designa los puede remover. Ninguna norma le obliga a aceptar las recomendaciones del IMARPE. El ente científico, para todo efecto práctico tan solo recomienda a través de sus informes, que no son vinculantes. El único que decide cuánto y dónde se puede pescar, entre otras cosas, es el Ministro.

El peligro de este modelo es que el poder del cual dispone el Ministro puede llevar a ordenar, o presionar al ente científico o cualquier otro bajo su mando, a emitir informes que sustenten una decisión política ya tomada. Cuando la lógica es al revés. Se debe tomar la decisión siguiendo la recomendación técnica. En este estado de cosas ello no se puede garantizar.

Es oportuno conocer las funciones del Viceministro de Pesca y acuicultura. El DS 002-2017/PRODUCE, creó el “Despacho Viceministerial de Pesca y Acuicultura”. No creó el viceministerio de Pesca y Acuicultura.

La diferencia es interesante y no es de jerarquía, sino de función dentro de la estructura del Estado.

Viceministerio es una unidad orgánica dentro de un ministerio. Forma parte de la estructura formal del Estado y tiene competencias definidas. Está a cargo de un viceministro.  Tiene funciones, direcciones generales y equipos técnicos bajo su mando. Se encarga de formular, implementar y supervisar políticas públicas en un ámbito específico.

Despacho Viceministerial es el ámbito inmediato de trabajo del viceministro, es decir, su oficina o instancia de gestión directa.  No es una estructura con funciones amplias propias.  Sirve para coordinar, tomar decisiones y canalizar el trabajo del viceministerio. Incluye asesores, secretaría y equipo cercano.

Viceministerio es la estructura (con funciones y órganos).

Despacho Viceministerial es la oficina del viceministro (espacio de decisión y coordinación).

La norma creo un Despacho, que es el espacio para un viceministro. En la práctica, funciona como secretario técnico del Ministro, sin poder de decisión ni de acción. Ni se requiere su firma en los documentos de gestión.

https://revistapesca.blogspot.com/2025/07/el-unico-responsable-del-sector-pesquero.html

El músculo gremial

La industria pesquera cuenta con dos gremios muy organizados y  con posibilidades de crear incidencias política. La SNI y la SNP. Ninguna de ellas necesita estridencias. Operan con eficacia técnica y política. Su influencia se expresa en lo que no ocurre: no hay rediseño sustantivo de los derechos de pesca; no hay salto en la captura de renta;  no hay cambios que alteren la estructura del negocio. Cada intento de reforma tropieza con el mismo argumento: “seguridad jurídica”. Traducido: no tocar las reglas que ya favorecen a quienes están dentro. Gracias a la capacidad organizacional que tiene, dispone de operadores que controlan la narrativa en todos los niveles en defensa de sus intereses, que no necesariamente coinciden con los del país; pero es un justo mecanismo de protección del que disponen y emplean con eficiencia. Controlan el discurso y creen que eso les da la razón y la verdad.

Hace algún tiempo un representante de un gremio expresaba públicamente que la pesca genera 750 mil empleos. Luego se dieron cifras que van desde los 250 mil hasta los 400 mil. Pero nunca se ha ofrecido la evidencia oficial de cuál es el número real y tampoco se precisan las fuentes de esta información. Es así como se construye una narrativa falsa sin que el ciudadano se plantee cuestionarla ni analizarla.

La Pesca Artesanal muestra como mayor debilidad su atomización en más de mil gremios, lo que le resta poder y fuerza para manejar una narrativa común. No pueden enfrentar con eficiencia a la industria ni al Estado en la situación en la que están.

Los trabajadores de la industria y la pesca artesanal forman parte de la sociedad, que es indiferente a la manipulación del poder. No tienen organización unificada ni del mismo nivel y además carecen de los medios, que sí exhiben los operadores de la industria para estructurar su propia narrativa, y probablemente carecen también de la voluntad suficiente y debida para hacerlo.

El Estado, por su parte, es manipulable y sujeto a la influencia política, para bien o para mal. En esta asimetría, la sociedad resulta ser siempre la perdedora.

La ciencia como escudo: el Instituto del Mar del Perú

El IMARPE es respetado por su capacidad técnica. Y, sin embargo, su rol termina encapsulado en lo biológico, es decir en informar cuánto hay y cuánto se podría pescar sin colapsar; pero a nivel de recomendación técnica, quedando la decisión en manos de la autoridad política.

El problema es lo que queda fuera: la ciencia no decide cómo se distribuye la renta ni cuánto captura el Estado. Así, el dato técnico se usa como frontera del debate: se discute sostenibilidad, pero se evita discutir distribución y magnitud y tiempos de la captura.

Por otro lado, su dirección depende de nombramientos políticos que vienen del Ministerio, lo que reduce anula su capacidad de influir en las decisiones finales. La amenaza de designar a un presidente de la Institución con un perfil mediocre e inferior al que existía en diciembre de 2025 sigue latente.

https://revistapesca.blogspot.com/2026/04/el-nuevo-perfil-del-presidente-del.html

“Informe sobre el avance de la primera temporada de pesca de la anchoveta peruana (Engraulis ringens) en la región norte-centro al 10 de mayo de 2026 (Of. N° 0813-2026IMARPE/PE;) y al 25 de mayo (Of. N° 0877-2026-IMARPE/PE). 

En el contexto actual, caracterizado por la intensificación de condiciones ambientales cálidas y una alta vulnerabilidad del stock, resulta pertinente mantener un enfoque precautorio respecto de la continuidad de la primera temporada de pesca de anchoveta 2026, a fin de proteger el reclutamiento, la renovación del stock norte-centro y garantizar la sostenibilidad del recurso y su pesquería”.

Este es un texto típico en el modelo pesquero peruano. El ente científico sugiere una medida precautoria sin precisar cuál debe ser, pasando la decisión al poder político. El Ministro es quien decide. ¿Y qué es lo que el Ministro quiere?

https://www.gob.pe/institucion/imarpe/informes-publicaciones/8256382-informe-correspondiente-al-oficio-n-0977-2026-imarpe-pe

El MEF: el gran ausente

El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el guardián de la caja, aparece poco donde más debería pesar: en la definición de cuánto vale el acceso al recurso.

En cualquier país con vocación de captura de renta, el equivalente del MEF lidera el diseño de regalías y esquemas de pago. En el Perú, su silencio ha sido funcional: deja que un sector altamente rentable opere con una contribución estatal que no guarda proporción con el valor que extrae.

El Congreso: ruido sin reforma

El Congreso de la República del Perú produce iniciativas, comisiones y titulares. Pero cuando se trata de tocar el núcleo, derechos de pesca, redistribución, condiciones de acceso, la energía se disipa.

Hay mucho discurso sobre la pesca artesanal; pero casi ninguno sobre la renta industrial.

Y absolutamente ninguno sobre el tema de la renta, cuotas o derechos de pesca.

El mecanismo: cómo se captura un recurso público

1.Acceso privilegiado mediante reglas estables que nadie quiere revisar.

2. Pago reducido por el derecho a explotar un recurso de alto valor.

3. Fiscalización intermitente que no altera el equilibrio del negocio.

4. Debate acotado a lo biológico, evitando lo económico.

El resultado es un sistema elegante en su simplicidad y eficaz en su objetivo: maximizar la renta privada con mínima fricción política. Defendido por una narrativa eficaz que destaca generación de empleo, aporte al PBI e ingreso de divisas. Pero sin mostrar información oficial en el caso del empleo y ninguna sobre pagos de impuestos y derechos de pesca.

La responsabilidad es compartida (y acumulativa). No es un solo gobierno. Es de varios. No es una entidad, sino varias. PRODUCE administra, el MEF no lidera, el Congreso no reforma y el gremio asegura que nada cambie demasiado. El IMARPE aporta la base técnica, pero no entra, ni tiene por qué, en la disputa por la renta. El equilibrio resultante no es casual, es político.

El problema no es falta de información. Es falta de decisión. El Perú sabe cuánto pesca. Sabe cuánto exporta. Sabe quién gana. Lo que no decide es cuánto debería ganar el país por lo que es suyo.

Y mientras ese cálculo siga siendo políticamente intocable, el mar seguirá siendo público en el papel… pero privado en la práctica.

La política se reparte el mar a través de privilegios y la fijación de las reglas del negocio. Entre cuotas, derechos de pesca bajos o inexistentes, la política controla la riqueza pesquera sin árbitros.

Información complementaria en el siguiente link:

https://revistapesca.blogspot.com/2026/06/pesca-en-el-peru-entre-la.html

10 de junio de 2026

LA ECONOMÍA DE LA PESCA: CUANDO LA POLÍTICA SUPERA A LA INSTITUCIONALIDAD

 PESCA Y ECONOMIA

Existe en el Perú una narrativa que domina el escenario de los medios y se sumerge en el inconsciente de las personas. Un relato que muestra una interpretación de lo que es la pesca y su impacto sobre el ecosistema y el país.

Por más artículos que se publiquen en medios de comunicación, entrevistas, discursos y mensajes, la realidad existe y al final impone su propio paisaje. Siglos atrás, se estableció la fórmula que definía el concepto de existencia y la regla de todo conocimiento:  “A es A”.  Toda cosa lo es en sí. La realidad es lo que existe, el discurso no existe.  La verdad es el reconocimiento de la realidad;  la razón, es el único medio de conocer los hechos. Y en este caso, la pesca debe ser conocida y analizada contrastando la narrativa con la realidad, el discurso con la razón y ésta con la evidencia.

El discurso se centra en destacar y elogiar, con justa razón, el aporte de la pesca al PBI y al empleo, entre otras cosas; pero jamás se ha mencionado la contribución al país a través de los derechos de pesca e impuesto a la renta. Tampoco se encuentra esta información al alcance de la ciudadanía.

No importa quién sea el autor quien dé el discurso sobre la narrativa oficial de la pesca industrial y la pesca artesanal. Lo que importa es que cada ciudadano adopte la actitud de un espíritu independiente, que no acepte el discurso sin analizarlo, que no reconozca más autoridad que la verdad que muestra la realidad, ni valor más alto que su juicio de la verdad. La realidad seguirá siendo la realidad, no importa lo que digan los medios ni los narradores.

En el Perú, el mar es público en la ley; pero privado en los hechos. La pesca, en particular la de la anchoveta para harina, genera millones de dólares; pero el Estado captura solo una fracción que no guarda relación con el valor del recurso. No es un accidente, es el resultado de decisiones políticas sostenidas.

El Ministerio de la Producción (PRODUCE) administra el statu quo; el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) no lidera una política de captura de renta; el Congreso de la República del Perú debate, pero no intenta hacer reformas. En paralelo, la Sociedad Nacional de Pesquería asegura que las reglas no cambien en lo esencial. Y aunque el Instituto del Mar del Perú aporta la base científica, el debate se queda en lo biológico y evita lo central: quién se queda con la renta.

La pesca artesanal aparece en el discurso, con razón, pero también como coartada para no tocar el corazón del modelo industrial. Proteger a los pequeños no debería significar blindar a los grandes. Hoy, en la práctica, ocurre eso.

El mecanismo es simple: acceso estable, pago reducido, fiscalización intermitente y laxa y manejo de la narrativa. El resultado es un negocio extraordinario con mínima fricción política.

No falta información. Falta decisión. El país sabe cuánto pesca y cuánto exporta. Sabe quién gana. Lo que el Estado no decide es cuánto debería ganar el Perú por lo que es suyo. Mientras esa pregunta siga fuera de la agenda, el mar seguirá capturado.

El problema estructural en el Perú es la desconexión entre riqueza natural, decisiones políticas e instituciones débiles. La pesca en el Perú no es solo una actividad productiva, sino que es una gran fuente de renta natural del país. Sin embargo, esa riqueza convive con un problema crónico: la política no logra traducirla en el debido bienestar para los peruanos, y la institucionalidad no logra gobernarla con legitimidad. La muestra se ve desde hace años con funcionarios que dirigen la pesquería sin la debida experiencia, escaso o nulo conocimiento y con el claro encargo de no tocar cosas sensibles.

Más información en el siguiente link:

https://revistapesca.blogspot.com/2026/06/quien-nombra-quien-decide-el-poder.html

1. Pesca: abundancia sin gobernanza

El Perú es potencia mundial en anchoveta, base de la harina y aceite de pescado. Pero el negocio está altamente concentrado, orientado a exportación y con baja contribución al país.

El resultado: Alto valor generado. Bajo impacto en empleo y diversificación.  Dependencia de ciclos biológicos y precios internacionales.

2. Política: decisiones capturadas o ausentes

La política pesquera ha oscilado entre dos extremos: Regulación débil o permisiva e intervenciones reactivas ante crisis. En muchos casos, el diseño de reglas (cuotas, derechos de pesca, fiscalización) parece más influido por presiones sectoriales que por una visión de largo plazo.

3. Institucionalidad: reglas sin dientes.

Las normas existen, pero su cumplimiento es irregular. Problemas clave: Fiscalización insuficiente. Fragmentación entre entidades. Baja transparencia en decisiones.

Esto genera una paradoja: un sector altamente rentable operando en un marco institucional frágil.

4. Economía: la renta que no se captura

El punto más sensible: la captura de renta. El Estado recibe relativamente poco en comparación con el valor generado por el recurso. Esto abre preguntas incómodas:

¿Se está cobrando lo justo por explotar un recurso público?, ¿Quién se beneficia realmente de esta riqueza?, ¿Cómo se distribuye esa renta en la sociedad?

En este caso, como en otros, la política resulta ser el arte de no incomodar. Aquí no hay ambigüedad: la política ha decidido no meterse donde incomoda. Durante años, los gobiernos han evitado una discusión de fondo sobre: cuánto se debe pagar por el recurso;  quién accede a él  y bajo qué condiciones. No es descuido. Es cálculo. Tocar la renta pesquera implica enfrentarse a uno de los lobbies más organizados y silenciosamente influyentes del país.

La pesca, en particular la anchoveta, es uno de los negocios más rentables del país. Genera miles de millones, lidera exportaciones industriales y opera con precisión casi quirúrgica. Pero hay un detalle incómodo: esa eficiencia privada convive con una clamorosa renuncia pública. El silencio conviene.

El esquema es simple y brutal: El recurso es público; la renta es privada y la captura estatal es marginal.

En otras palabras, el país exporta proteína convertida en harina… pero el aporte al país es bajo.

Más información en el siguiente link:

https://revistapesca.blogspot.com/2026/05/peces-baratos-y-mucha-ganancia-el.html

El poder oculto

Todo esta problemática y manejo de la pesquería tiene, además de lo descrito, un componente importante y oculto: el poder político y económico que está detrás de todas estas manipulaciones, presiones e intrigas. Quien quiera que fuese el operador, lo hace dirigido por alguien más; pero existe y con  la autoridad y fuerza para disponer nombramientos. Con el poder de hacer que los designados cumplan la agenda.

La operación también alcanza al Congreso para asegurar el statu quo desde el Legislativo, en caso de que la presión sobre el Ejecutivo fallase.

Lo grave es que la ciudadanía peruana permanece ajena e indiferente ante esta situación.

El país tiene que despertar de su letargo y defender su derecho a participar de la renta de sus recursos naturales. El país tiene que romper el ciclo de manipulación y corrupción manejada por poderes fácticos.

¿Sería tan difícil tener una pesquería en la cual ganen lo justo todos, industriales y artesanales así como el país? La madurez cívica que el país requiere, debe llevarnos a un manejo del sector armónico, sin manipulaciones políticas, sin intrigas, sin ambiciones de parte y con visión de país y de futuro. 


6 de junio de 2026

EL PODER DETRÁS DE LA PESCA EN EL PERÚ

 

Por años, el debate público peruano ha girado en torno a políticos visibles, ministros efímeros y crisis recurrentes. Pero hay otro poder —más silencioso, más estable— que rara vez entra en el escrutinio: el de los tecnócratas que diseñan cómo se reparte el dinero del Estado.

Según la normativa peruana, los ministros son nombrados por Decreto Supremo del Presidente, mientras que los viceministros y directores generales se designan por Resolución Suprema o Ministerial.

Hace años se viene otorgando el poder sobre la pesca a desconocidos que instauran el favoritismo hacia amigos y gente de su confianza que solo busca su interés personal. Para ellos, el sector es lo menos importante, lo que cuenta es la colocación de las personas afines para proteger una estructura de poder que dure lo más posible. La repartija de cargos es un vil acto que beneficia al poder de turno sin importar las necesidades del sector.

La existencia de una clase política que convierte a la política y al sistema de gobierno en una forma de vida insana, amoral, indecente, favorece la aparición de funcionarios que lejos de defender los intereses nacionales, se subordinan a intereses de parte para obtener cargos, para asegurarse a sí mismos ventajas económicas y sociales que resuelvan sus propios problemas y no los del sector.

La preponderancia de cargos designados cercanos al sector privado, puede traducirse en políticas menos rigurosas para favorecer a quienes deciden quién va a ocupar determinado cargo.

Perú ha mostrado escasa adaptación de cuotas o vedas más estrictas pese a señales de sobrepesca en algunos recursos. La presión de la industria ha prolongado temporadas de pesca intensiva, como se aprecia en la primera temporada de anchoveta 2026. Por otra parte, la concentración de la industria en pocas empresas aumenta la tentación de buscar favores regulatorios que beneficien a las “pesqueras dominantes” a costa de actores menores o del medio ambiente. Por eso tiene que influir en los nombramientos.

En contraste, países con gobernanza pesquera más sólida muestran mejores resultados: Chile, tras reformar su ley en 2013, incorporó comités científicos independientes y planes de manejo concretos; Noruega basa su gestión en datos públicos y cuotas ajustadas a modelos científicos, con alta transparencia; España y la UE usan auditorías externas y sanciones automáticas por incumplimiento.

Estas experiencias sugieren que la dependencia de funcionarios interinos sin rendición de cuentas tiende a favorecer un enfoque extractivista y de corto plazo en Perú.

Lo que el país necesita es que el funcionario que es, o puede ser sujeto de ser influenciado en razón de su cargo, sea una persona decente, comprometida con el país, intelectualmente honesta, de una moralidad y ética intachables, y moralmente obligado a actuar en forma justa y debida, pese a la tentación proveniente de sobornos, o de la presión política. El funcionario debe tener el criterio para determinar si sus recomendaciones o sugerencias son lícitas o no y si benefician a alguien indebidamente. Debe tener el valor de decir “no” cuando piensa que es “no”. Pero cuando dicen “si” mientras piensan que “no” o dice sí por la carrera, comodidad, por la ganancia, por el temor a perder su empleo, mientras su conciencia dice que no, o calla, entonces sus actos se vuelven corruptos y el modelo político y económico se invalida de hecho.

La política y la normatividad debieran obedecer a principios y valores. Quien no los tenga debería ser incapaz de ordenar y gestionar un sistema decente. Toda la gestión pesquera debe estar respaldada por información provista por un ente científico con credibilidad y sin cuestionamientos.

¿Puede el futuro pesquero del Perú estar en las manos de funcionarios temporales sin mayor legitimidad que una resolución que los designa? ¿Sin visión de país, carentes de la experiencia necesaria y de decencia intelectual, inmorales y sin agenda, sino tan solo el interés por satisfacer los intereses gestionados por lobistas y/o poderes fácticos sin escrúpulos, o los de quienes lo han puesto en el cargo, que en la práctica se convierten en los verdaderos hacedores de las normas?

Los poderes fácticos son sectores de la sociedad, al margen de las instituciones políticas, que ejercen sobre aquella una gran influencia, basada en su capacidad de presión o influencia. El poder fáctico no coincide necesariamente con el aparato formal del Estado pero puede influir en las estructuras legales y regulatorias, por intermedio de su capacidad de comunicación y/o de presión.

El funcionario público designado debe tener capacidad, habilidad y experiencia. Pero la experiencia no es el único elemento que debe medirse por los años de haber ocupado diversos cargos dentro del Estado, en los cuales se ha calentado un asiento en diversos puestos, reciclándose gobierno a gobierno como ocurre generalmente en nuestro sistema, sino por las cualidades personales del mismo.

Esa “experiencia”, sumada a una acumulación de títulos, es insuficiente para ejercer un cargo público, si es que no va acompañada de decencia, honestidad y un alto nivel de ética y moralidad. Un corrupto perfectamente capacitado y entrenado, seguirá siendo corrupto. Sus títulos no lo convierten en un funcionario comprometido con el cargo, ni lo vuelven decente, ni le dan la mínima estatura moral que se requiere.

Podrá haber nuevos gobiernos, nuevas autoridades, mejores o peores; pero se aprecia que buena parte de los funcionarios que se nombran en cada nueva administración, generalmente son los mismos que ya estuvieron en otros puestos, los cuales pertenecen a un grupo de personas las cuales, como manada gregaria se reciclan, mutan y se alimentan del Estado. Se ocultan en la espesura en espera de la oportunidad de saltar sobre un nuevo puesto público. Cual cardúmenes de peces en busca de aguas propicias por su temperatura y oxigenación, estas personas migran buscando a sus amigos y se protegen y acomodan entre ellos. Caminan en manada, rotan de líderes a subordinados y viceversa, de acuerdo a las circunstancias.

Están siempre acechando los cambios de autoridades para ver donde se ubican los amigos, a fin de recolocarse ellos también y seguir parasitando al Estado sin ofrecer, en contraparte, un servicio de calidad. Carentes de decencia intelectual y moral, poseen, de alguna manera, una experiencia en la administración pública, han aprendido de gestión pública y se han especializado. Sin embargo, eso no los convierte en conocedores de los temas del cargo y/o sector en el cual operan. Disimulan su desconocimiento de los temas sectoriales con discursos, gestos y poses; camuflan sus verdaderos intereses; no evidencian ni preocupación por el sector ni vocación por resolver sus problemas. Esa experiencia que aducen poseer, no les concede necesaria, ni automáticamente, la estatura moral, honestidad y decencia intelectual que requiere todo funcionario público digno.

En el tiempo más o menos corto que dura el cargo, que siempre pretenden alargarlo adoptando una conducta complaciente para con quienes tienen el poder de removerlos, exhiben una patética soberbia e incompetencia. Porque grande es el temor que poseen de que no se les renueve el contrato o se les retire la confianza. Por ello no hay que dar la contra, no hay que discutir, no hay que opinar, solo flotar y durar el máximo tiempo posible. Hay que rendirse, hay que actuar sumisamente, sin pensar, sin contradecir, sin discutir.

Optar o acceder a desempeñar una función para lo cual no se está capacitado, constituye un acto de inmoralidad e indecencia intelectual, tanto de quien designa como de quien acepta, que constituye una ofensa al sector y al país.

Estamos frente a la existencia de funcionarios que no hacen política en el sentido clásico, pero que ejercen poder político en su forma más efectiva: diseñando reglas, distribuyendo recursos y moldeando conductas y conciencias. No necesitan votos. No dan discursos encendidos. Pero definen ganadores y perdedores.

Ese es el punto ciego del asunto. El problema no es solamente la persona. El problema es el sistema que lo hace posible. Un sistema donde:  la tecnocracia decide, la política no supervisa,  y la ciudadanía no se entera hasta que los resultados, buenos o malos, ya están consolidados.

La pregunta de fondo es: Si el Estado va a intervenir en la pesquería, y es obvio que claramente lo hace, entonces la discusión no es si debe hacerlo, sino cómo, para quién y con qué controles.

Porque detrás de cada designación de funcionarios hay algo más que buenas intenciones: hay poder. Y ese poder, aunque no salga en la portada de los diarios, también debería rendir cuentas.

3 de junio de 2026

LA PESCA: EL NEGOCIO QUE EL ESTADO PERUANO NO COBRA

 

El modelo pesquero peruano no es la única forma de hacer las cosas.

Hay países que capturan mucha más renta del recurso pesquero y no por casualidad, sino por diseño institucional.

PAÍSES QUE CAPTURAN MÁS RENTA PESQUERA

Noruega (el estándar alto)

Usa cuotas estrictas + control total del recurso. Cobra  impuestos altos,  licencias,  recientemente impuesto a la renta extraordinaria (salmones)

Resultado:

- El Estado captura una **porción significativa de la renta**

- Parte va a fondos públicos (similar a petróleo)

Clave: El recurso es tratado como activo estratégico nacional

- Sistema de ITQs (cuotas individuales transferibles)

- Las cuotas tienen valor económico real

- El Estado captura renta vía:  impuestos, licencias, regulación estricta

Resultado: Alta eficiencia y  Alta captura de valor nacional

Clave: El acceso al recurso no es barato ni automático.

Nueva Zelanda (modelo económico puro)

Sistema de cuotas totalmente definido. Fuerte monitoreo y cumplimiento

Cobro por: acceso y gestión del recurso

Resultado:  El Estado recupera costos y captura renta adicional.

Clave: El sistema está diseñado como mercado regulado, no subsidio implícito

Chile (más exigente)

Tiene cuotas industriales (similar a Perú). Pero cobra: patentes pesqueras, pagos por tonelada, licencias

Resultado:  Captura más renta que Perú (aunque con críticas internas)

Clave: El acceso al recurso sí tiene un costo más tangible

Perú

- No cobra por cuota (como activo valioso)

- No aplica regalías

- Usa un derecho de pesca ligado al precio, pero muy bajo en el caso de la anchoveta

- No cobra o cobra muy poco en el caso de las demás especies.

En la práctica, es un sistema de acceso barato o gratis, a un recurso público masivo.

No existe una serie pública, ordenada y transparente año por año de la recaudación y empleo de los derechos de pesca, lo cual ya es un problema en sí.

Volatilidad alta:  No es un ingreso estable, depende más de las  condiciones oceanográficas, clima,  cuotas,  que de diseño fiscal.

La tasa en el caso de la anchoveta(0.43% del valor FOB de la harina de pescado) es estructuralmente baja.

El factor dominante no es el precio. Lo que manda es cuánta anchoveta se pesca.

Vulnerabilidad total a las condiciones oceanográficas: menos cuota, colapso de ingresos.

El Estado no captura renta estable.

El sistema no está diseñado para capturar renta, sino para cobrar un peaje bajo por acceso al recurso.

No existe información pública directa de cuánto paga cada empresa en derechos de pesca. PRODUCE no publica ese desglose.

No hay pagos por otras especies.

Ver antecedente en el siguiente link:

https://revistapesca.blogspot.com/2026/05/peces-baratos-y-mucha-ganancia-el.html

 Diferencia estructural

El punto incómodo (pero central) no es que Perú “no pueda” capturar más renta. Es que decidió no hacerlo (o no ha logrado sostenerlo políticamente).

Por qué esos países sí pueden

Tres factores clave:

1. Instituciones fuertes: La ciencia manda (no la coyuntura política)

2. Recurso valorizado:  El acceso cuesta dinero real

3. Estado con rol activo: No solo regula sino que también captura renta

Qué implicaría para Perú si se moviera hacia esos modelos:

-Subir derechos de pesca

- Cobrar por cuotas

- Vincular pago a biomasa y sostenibilidad

Resultado probable:

-Mayor ingreso fiscal

-Mayor conflicto político con la industria y los armadores artesanales.

Conclusión: Los países que capturan más renta no tienen más pescado que Perú pero tienen mejores reglas para cobrar por él.

CONCLUSIÓN 

Las empresas más grandes no solo pescan más… también capturan mucho más valor por tonelada

Las grandes empresas son las que más pagan.  Pero incluso ellas  pagan montos muy bajos en relación al valor que extraen.

En términos simples: El sistema no está diseñado para que el Estado capture más de los grandes actores,  sino para que todos paguen poco… proporcionalmente.

La problemática de los derechos de pesca se ha publicado en tres artículos separados. Pueden leerse en un solo solo en formato PDF en el siguiente link:

https://www.dropbox.com/scl/fi/pvhf715nci06dggjz48v3/El-modelo-pesquero-peruano.pdf?rlkey=amcdarlijp05jk31ue6ah74mq&st=fxcdh0qp&dl=0



31 de mayo de 2026

PECES BARATOS Y MUCHA GANANCIA

 

En el Perú, los derechos de pesca no los paga “todo el que pesca”, sino principalmente un grupo específico: la pesca industrial. En la práctica, este grupo concentra la mayor parte de los pagos al Estado por derechos de pesca. Este es uno de los temas más sensibles del modelo pesquero peruano. El pago lo administra el Ministerio de la Producción.

¿Quiénes están exonerados (o pagan casi nada)?

Cabe destacar que la norma no se aplica a los armadores ni a las embarcaciones según su clasificación, sino a las especies capturadas. El reglamento de la Ley General de Pesca no considera a las especies capturadas por esta pesquería como sujetos de pago. En consecuencia, la pesca artesanal que tiene a estas especies como objetivo, no paga derechos de pesca.

El Artículo 45 de capítulo III del Reglamento de la Ley General de Pesca, DS 012-2001-PE, solo menciona a los recursos anchoveta, sardina, jurel y caballa con una tase del 0.075% UIT/ton. por TM extraída. Y para el recurso merluza: 0.15 % UIT/ton. por TM descargada. En consecuencia, al no mencionar a las otras especies, quedan tácitamente exoneradas. En el tiempo se han introducido pocos y pequeños cambios en el porcentaje pero que no son significativos, por lo cual el concepto de que “pagan poco” se mantiene vigente.

El caso de la anchoveta es único. Con el D.S. Nº 007-2002-PRODUCE, se establece en 0.23% de la UIT por tonelada métrica de recursos hidrobiológicos extraída para el CHI. Con fecha 20 de octubre del 2002 el DS 011-2002-PRODUCE rebaja hasta 0,116% UIT/tonelada métrica por recursos destinados al CHI.

El cambio más significativo fue el DS 024-2006-PRODUCE (del 26/11/2006) que modifica el monto de derechos de pesca de la anchoveta y dispuso que se efectuará sobre la base de aplicar el 0.25% del valor FOB por tonelada de harina de pescado, promedio Aduanet. Esto fue modificado por el DS 007-2019-PRODUCE del 10 de julio del 2019 que modifica el monto dispuesto con el DS 024-2006-PRODUCE, estableciendo que el pago de derechos por concepto de extracción de recursos hidrobiológicos destinados el consumo humano indirecto se efectúa sobre la base de aplicar el 0.43% del valor FOB por tonelada de harina de pescado, computable sobre el precio promedio mensual según información oficial que emita ADUANET. Es el que está vigente a la fecha y sobre el cual se conoce la metodología empleada para su cálculo. En el caso de las demás especies no hay información de la metodología usada para determinar los porcentajes aplicados.

El resultado es un sistema donde pocos actores grandes pagan, pero no necesariamente lo suficiente. Muchos actores pequeños no pagan, por razones sociales y políticas.

En resumen

Pagan las grandes empresas (sobre todo anchoveta para harina y aceite). Pagan derechos la anchoveta, el jurel, la caballa, la merluza, el atún. La pota (calamar gigante), el perico (mahi-mahi), el bonito, cangrejo, conchas, etc. no  pagan derechos de pesca. El consumo humano directo en general, no paga.

El grueso de la recaudación proviene de una sola especie: la anchoveta. Muchas otras especies generan valor económico pero no contribuyen proporcionalmente al Estado. Destaca la pota, el principal recurso de CHD hoy en día con rango de exportaciones importante; pero al que curiosamente no se le han asignado derechos de pesca.

Para las especies distintas a la anchoveta en CHI, no existe una tasa uniforme, clara ni significativa como porcentaje del valor (tipo 0.43%). En la práctica, la “tasa” es cercana a cero o irrelevante en términos económicos. No tienen una tasa equivalente en % del valor referencial de algo. No existe algo como “0.43% del valor del jurel” o “X% del valor de la caballa”.

El pago de derechos por concepto de explotación de los recursos hidrobiológicos, excepto la anchoveta, se establecen en función a un porcentaje de la UIT (Unidad impositiva tributaria). El esquema es totalmente distinto al último de la anchoveta. Debe mencionarse que no se ha encontrado antecedentes de cómo se determinó el monto a pagar para todas las especies dispuesto en el Reglamento de la Ley General de Pesca y sus subsecuentes cambios hasta llegar al último de la anchoveta.

El problema real

Es cuánto debería cobrar el Estado por recursos que son de todos.

Hay una diferencia entre la determinación del monto a cobrar por derecho y la forma de cobro. El primero resulta generalmente del cálculo de la renta generada por el recurso y/o los costos requeridos para la gestión de la pesquería por parte del Estado; mientras que el segundo configura la manera como el estado establece captar el pago por Derecho de Pesca.

Sobre el segundo punto, existen diversas formas de cobro en las que el Gobierno puede capturar parte de la renta generada por las pesquerías:

-Según el valor de la cuota: se determina el pago como una fracción del valor de la cuota. Dicho valor se obtiene utilizando un precio de mercado (Rusia).

-Cargo a las utilidades: método que determina el pago por Derecho de pesca como una proporción de las utilidades que generó el armador. (Australia).

-Cargo fijo: Se determina un pago fijo según escala de la embarcación (Vietnam)

-Cargo ad valórem: Se determina como un porcentaje del precio del recurso. Este método está sujeto a las variaciones en el valor de venta del recurso. (Islandia, Namibia, Perú y el pago de impuesto en Chile).

-Generalmente se procura utilizar, como criterio, una proporción de la renta generada por el recurso (Ingresos obtenidos menos los costos incurridos en la extracción).

El caso de la anchoveta para CHI

Cálculo de la Renta Generada por el Recurso

El criterio utilizado en Perú, en el caso puntual de la última modificación de la anchoveta, fue tomar una proporción de la renta generada por el recurso, la cual se define como el ingreso resultante de diferenciar los ingresos y los costos de extracción.

Los pasos utilizados para calcular la renta generada por el recurso y determinar el pago por derecho de pesa fueron los siguientes:

1. Determinación de los ingresos generados por el desembarque del recurso.

2. Determinación de los costos de extracción (incluido el retorno del capital).

3. Cálculo de la renta generada por el recurso.

4. Determinación del pago por Derecho de Pesca

Independientemente de la forma de determinación del Derecho de Pesca,  ¿Qué tasa o monto cobrar?

1. ¿Se paga poco por un recurso enorme en el caso de la anchoveta?

La anchoveta es la pesquería más grande del mundo. Pero el derecho de pesca es muy bajo como porcentaje del valor final. El Estado captura poca renta del recurso. Y aquí está el problema. Debemos entender el concepto de participación en la renta, por cuanto es fundamental para hacer cálculos de cuál es la tasa justa. No se trata simplemente de jugar con números y porcentajes.

2. ¿El cálculo es técnico o político?

El último cambio en la tasa fue cuestionado en su momento y se debate si responde a un análisis económico real  o a presión de la industria, quien se resistía a que se aplique, como lo muestra la prensa de la época.

3. ¿En qué se invierte lo recaudado?

¿Cómo se distribuyen los derechos de pesca? 

El 50% de los recursos provenientes de los derechos de pesca se traslada al Canon pesquero según la Ley del Canon.

Hasta el 25% del total para actividades y/o proyectos con fines de investigación científica, tecnológica, capacitación y otros vinculados al desarrollo pesquero y/o acuícola (Comisión de Derechos de Pesca) según Reglamento de la Ley General de Pesca,

El otro 25% del total para actividades de gestión propias del Ministerio de la Producción.

En teoría, lo recaudado debe financiar:  investigación científica; gestión de la pesca; canon pesquero.

Pero en la práctica: hay dudas sobre su uso efectivo porque no hay información pública y oficial sobre el empleo de la recaudación.

EN RESUMEN:

CHI = pesca industrial (harina/aceite).

Derechos de pesca = pago al Estado por capturar algunos recursos hidrobiológicos.

En el caso puntual de la anchoveta para CHI se calcula como porcentaje del valor de exportación.

Eso implica que: 1 TM de anchoveta genera mucho más valor después de procesarse. El negocio real está en la transformación + exportación.

El año 2025 como ejemplo

Variables:

Precio de harina de pescado: US$1 433.39 por tonelada promedio al 2025.

Desembarque de anchoveta 2025: 4,070,566 toneladas.

Precio promedio x 0.43% = US$ 6.41 es lo que se paga por tonelada de anchoveta desembarcada

Recaudación estimada en 2025, como muestra y ejemplo:

Exportación de harina de pescado 2025 US$            1,857´298,400

Exportación de aceite de pescado 2025 US$             517´611,000

Total exportado  en US$                                      2,374´909,400

Fuente: cuadro G1 de nota tributaria de la Sunat

1. Lo que captura el Estado (derechos de pesca)

Tasa actual : 0.43% del valor FOB de la exportación de harina de pescado. Al 2025 US$ 6.41x tm

Total que debió o debe recaudarse en 2025: US$ 26´094,515 que a un tipo de cambio de 3.35 da S/. 87´416,628.

El Estado capturó aproximadamente el 1.1% del valor exportado vía derechos de pesca

2. Lo que capturan las empresas

Para producir 1 TM de harina → se necesitan ~4.3 TM de anchoveta.

Ingresos principales

- Venta de harina de pescado

- Venta de aceite de pescado

Captura de valor

- Margen industrial (procesamiento)

- Ganancia por exportación

- Integración vertical (flota + planta)

Es decir: Controlan toda la cadena de valor.

3. El argumento de la industria para oponerse al aumento de la tasa:

- El derecho de pesca “NO es el único pago”

Incluyen en sus costos:

- Impuesto a la renta

- Aportes laborales

- Aportes al Programa de vigilancia y control

Su argumento:

 “No pagamos poco, el problema es mirar solo una parte”

4. El punto crítico, donde está el conflicto real y el núcleo del debate está en una diferencia clave:

No es lo mismo “impuestos” que “renta del recurso”. Los Impuestos se pagan en cualquier industria. El Derecho de pesca es el pago por usar un recurso o bien público.

Entonces la pregunta correcta es:  ¿Cuánto paga la industria por el recurso en sí, no por operar como empresa?

5. Cruce de datos



Conclusión

El Estado: captura muy poca renta directa del recurso.

Las empresas capturan la mayor parte del valor económico,  especialmente en la exportación.

En términos simples: El Perú exporta anchoveta con bajo “peaje” por uso del recurso, pero con alta captura privada del valor agregado.

El Perú cobra muy poco y/o nada por el resto de especies capturadas, bien sea por la flota industrial o artesanal.

Donde esto se vuelve crítico

En el caso anchoveta, cuando la captura  de juveniles pone en riesgo la biomasa; cuando las decisiones políticas se imponen sobre las recomendaciones científicas; cuando se politiza el rol del IMARPE

Porque si el recurso se degrada  y el Estado captura poca renta, entonces el país pierde dos veces: biomasa + valor económico

El sistema no está diseñado para capturar renta,  sino para cobrar un peaje bajo por acceso al recurso.

En el caso de las otras especies que pagan poco, existe una deuda pendiente: capturar la renta del mar peruano. Cobrar mejor por los recursos pesqueros es una reforma que el Perú necesita. El país tiene que pasar del acceso barato a la renta justa, repensando los derechos de pesca.

En el caso de las especies que no pagan nada, se debe ordenar el mar y también cobrar bien, lo que debe llevarnos a una reforma inevitable sobre los derechos de pesca.

Desde la promulgación del reglamento de la ley general de pesca, solo la tasa de derechos de pesca de anchoveta ha evolucionado favorablemente. La metodología se perfeccionó y la tasa se incrementó. La del resto de especies necesitan ser revisadas.

En las última décadas, el sector se debate entre dos extremos: el que defiende a ultranza a la pesca industrial, en especial de anchoveta y el que la ataca. Un nuevo gobierno debiera ser la oportunidad para diseñar una nueva ley de pesca que concilie ambos extremos y encuentre un punto medio, un equilibrio entre la rentabilidad empresarial, la sostenibilidad y los intereses del país.

Ver antecedente en el siguiente link:

https://revistapesca.blogspot.com/2026/05/pescar-sin-pagar-el-modelo-pesquero.html

27 de mayo de 2026

Los recursos pesqueros un bien público, una renta privada

 

El Punto de partida: ¿de quién es el recurso hidrobiológico?

Hay abundancia de algunos recursos, pero no necesariamente buena captura de valor.

La constitución política del Perú en el CAPÍTULO II DEL AMBIENTE Y LOS RECURSOS NATURALES Artículo 66°, dice: Los recursos naturales, renovables y no renovables, son patrimonio de la Nación.  El Estado es soberano en su aprovechamiento. Por ley orgánica se fijan las condiciones de su utilización y de su otorgamiento a particulares. La concesión otorga a su titular un derecho real, sujeto a dicha norma legal.

La anchoveta, así como los otros recursos, no es de las empresas. Es un recurso natural del país, administrado por el Estado a través de entidades como IMARPE y PRODUCE.

Una pregunta difícil de responder: ¿Cuánto cuesta el pez en el agua antes de ser extraído?

Los peces en el agua no se cuidan, no se riegan, no se abonan, no se les alimenta. Nadie gasta en mantenerlos. Sobreviven por sí mismos. Cuando alguien los extrae de su hábitat, si bien es cierto tiene un gasto para hacerlo, al final los peces son gratis.

¿Deben serlo?

La distribución del canon pesquero en base a índices, es ineficaz e injusta. El que existan recursos que no pagan debido a la modalidad de extracción, empeora la situación.

Sobre el impuesto a la renta aportado por el sector se sabe poco o nada puesto que no se publica información oficial sobre montos recaudados, quienes pagaron y quienes no.

La pesca como generadora de renta económica. ¿Qué son los derechos de pesca?

Son el pago que hacen las empresas al Estado por extraer un recurso que es de todos los peruanos.

Conceptualmente la anchoveta, como cualquier otro recurso hidrobiológico, es patrimonio de la Nación. El Estado cobra una retribución económica (derecho de pesca) por su explotación.

Los pescadores artesanales realizan capturas sin pagar ningún derecho de pesca, y los industriales pagan muy poco.

Las tasas actuales de derechos de pesca ¿son suficientes o justas, para los recursos afectos?

Hablar de los derechos de pesca

En el Perú resulta un tema controversial y complicado. Por un lado, como implica que los armadores (no todos ya que los artesanales están exonerados) tienen que pagar algo por el derecho a extraer peces del mar, causa rechazo. A nadie le gusta pagar tasas ni impuestos. Y cada vez que se pretende modificar la tasa, en especial la de la anchoveta para CHI, surgen críticas, reclamos, e inundación de noticias en los medios para expresar que se paga demasiado.

Por otro lado y como principal problema: no existe información pública directa de cuánto paga cada empresa por derechos de pesca. PRODUCE no publica ese desglose. Tampoco publica quién pagó ni quien debe ni cuánto se ha recaudado años tras año o lo que ha hecho con ese dinero.

Sin embargo existe abundante información en los medios sobre las exportaciones pesqueras y la generación de empleo con cifras, algunas imposibles de creer y sin sustento ni evidencia, lo que supone un sesgo hacia una sola parte de la actividad pesquera: sus ingresos, mas no sus aportes al país.

¿Derechos o participación en la renta?

El tema no es la asignación de una tasa como derecho de pesca, sino la participación del país en la renta del recurso.

Antes de entrar al análisis es necesario entender  qué es la participación en la renta. Es, en sencillo, qué parte de la riqueza (ganancias) generada por una actividad económica se queda cada actor. La participación en la renta es un concepto financiero, corporativo y fiscal que se refiere al derecho o proporción de las utilidades (renta neta) que le corresponde recibir a un inversionista, socio o participante de un negocio.

Cuando una actividad produce dinero (por ejemplo la pesca), se genera una renta económica. Esa renta se reparte entre: El Estado, a través de impuestos, regalías, derechos. Las empresas, utilidades. Y a veces trabajadores u otros actores.  La participación en la renta mide qué porcentaje se lleva cada uno.

En este caso, la población del Perú, representada por el Estado, es el dueño del recurso que genera la renta. Entender esto es fundamental. Este concepto es clave en sectores de recursos naturales (como la pesca), porque los recursos son de todos los ciudadanos. El Estado decide cuánto cobrar por su uso y define si el país captura poca o mucha renta.

El caso de la anchoveta para el CHI

CHI = Consumo Humano Indirecto, es decir, anchoveta que no se destina a comer directamente, sino a: Harina de pescado y aceite de pescado. Esta es la base de la industria pesquera industrial del Perú.

¿Cómo se calculan para CHI?

Para anchoveta destinada a CHI, el derecho de pesca se calcula como un porcentaje del valor de la harina de pescado (FOB). Antes: era el 0.25% y luego se elevó a: 0.43% del valor FOB de la harina de pescado.

Es decir: Si sube el precio internacional de la harina, sube lo que paga la industria.  Si baja el precio, también baja el pago.

Entonces, ¿debe el país participar en la renta de la harina de pescado?

En este escenario, cuando una empresa captura anchoveta y la convierte en harina de pescado, está usando un recurso patrimonial de la Nación. Por lo tanto, el país debe participar de la renta de la industria reductora de harina de pescado no por “ideología”, sino por lógica económica y de propiedad. En una proporción justa.

Además, por tres razones estructurales:

(1) Propiedad colectiva

El recurso pertenece a todos los ciudadanos.

El Estado debe capturar parte de la renta en nombre de la sociedad.

(2) Renta económica

En industrias como la harina de pescado, no todo es “ganancia normal” por esfuerzo empresarial. Hay una renta asociada a: Abundancia natural del recurso. Condiciones oceanográficas excepcionales del Perú

Esa renta no la “creó” la empresa → es capturable por el Estado.

(3) Equidad intergeneracional

La sobreexplotación hoy reduce riqueza futura.

Capturar renta permite: Invertir en ciencia o en lo que fuese.

El verdadero debate no es “sí o no”. La pregunta importante no es si debe haber participación estatal,  sino: ¿Cuánta participación y cómo se cobra?

Porque debe haber un equilibrio:

Muy baja participación → el país “regala” renta

Muy alta o mal diseñada → desincentiva inversión o fomenta evasión

En el Perú, la realidad es incómoda. En la anchoveta para harina de pescado el Estado cobra derechos de pesca relativamente bajos y la mayor parte de la renta queda en las empresas

Hay participación estatal… pero es limitada.

El país debe tener participación en la renta de la harina de pescado porque el recurso es público y existe renta económica capturable. Es una herramienta de equidad y sostenibilidad

La dificultad radica en establecer con precisión el precio de ese derecho de pesca de forma que ni sea tan grande que acabe con la explotación ni tan pequeño que no haga partícipe del negocio al país. El Estado debe participar en forma justa y equitativa no solamente en la rentabilidad del negocio, sino que, también debe ser resarcido por los impactos que la pesquería causa sobre el ecosistema y el medio ambiente, los cuales son independientes de la rentabilidad del negocio.

Esto tiene que ser entendido en su verdadero contexto. El impuesto a la renta de tercera categoría es una participación en las utilidades empresariales. Pero ocurre que una empresa puede tener grandes, medianas o pequeñas utilidades; o aún pérdidas. Depende de su nivel de eficiencia. Sin embargo para llegar a cualquiera de esos niveles de utilidad o pérdidas, se ha efectuado una extracción de recursos pesqueros real, con los efectos e impactos inevitables que ello produce sobre el ecosistema y el medio ambiente; más aún luego de su procesamiento. Ese solo acto merece una compensación adecuada.

Pero la discusión clave y política es otra:

¿Está el Perú capturando lo que debería… o está dejando renta sobre la mesa?

La renta que se escapa debe ser el debate pendiente sobre los derechos de pesca.


21 de mayo de 2026

LA PRIMERA TEMPORADA DE ANCHOVETA 2026

 


ANCHOVETA JUVENIL: EL SAQUEO SILENCIOSO DEL MAR PERUANO

 La presencia masiva de anchoveta juvenil no es solo un problema técnico: es uno de los riesgos más serios para la sostenibilidad de la pesquería peruana de anchoveta.

La anchoveta juvenil es aquella que aún no ha alcanzado la talla mínima de reproducción. Esto significa que:  No se ha reproducido ni una sola vez, lo cual es clave para el reclutamiento futuro (los peces que sostendrán la biomasa en los próximos años).

El riesgo principal es romper el ciclo poblacional. Cuando se captura anchoveta juvenil en grandes cantidades, ocurre algo crítico:

1. Se reduce el stock futuro

   Menos juveniles → menos adultos → menos desove.

2.Colapso del reclutamiento

   Si muchos juveniles no llegan a adultos, la biomasa cae en cascada.

3. Mayor vulnerabilidad ambiental

   Eventos como El Niño amplifican el problema: menos juveniles sobreviven y además se pesca lo poco que queda.

La biomasa depende de una ecuación simple en esencia: Biomasa futura = Adultos actuales + Reclutamiento – Mortalidad (natural + antropogénica). Si pescas juveniles: Se está reduciendo directamente el reclutamiento.  Es como “comerse la semilla en lugar de la cosecha”.

 

CIENCIA O RESULTADO ECONOMICO EN LA PESCA

Plantearlo como una disyuntiva tajante —“ciencia vs. resultado económico”— es, en la práctica, un falso dilema. Si se elige mal, el resultado económico también se destruye, solo que un poco más tarde.

En pesca, la “ciencia debe fijar los límites” y la “economía debe operar dentro de ellos”. No es un tema ideológico, es un tema de sostenibilidad básica: si sobreexplotas el recurso hoy para maximizar ingresos, mañana simplemente no habrá qué pescar.

Un buen ejemplo es lo que ha pasado históricamente con la anchoveta en el Perú. Cuando decisiones políticas o presiones económicas han relajado criterios técnicos del Instituto del Mar del Perú, los impactos han sido claros: caídas en biomasa, temporadas más cortas o cierres abruptos. En cambio, cuando se respeta la recomendación científica, incluso si implica capturas más bajas en el corto plazo, el sistema se recupera y la industria (harina, aceite, consumo humano) termina siendo más estable y rentable.

Esto se entiende mejor con tres ideas clave:

1. La ciencia define el “cuánto” y el “cuándo”.

Cuotas, vedas, tallas mínimas, zonas de exclusión… todo eso responde a dinámicas biológicas (reproducción, reclutamiento, variabilidad climática como El Niño). Ignorarlo es como gastar capital en lugar de vivir de los intereses.

2. La economía define el “cómo aprovechar”.

Una vez fijados los límites, sí entra la eficiencia: valor agregado, diversificación (consumo humano directo o harina), formalización, reducción de desperdicio, etc.

3. El corto plazo engaña.

Las decisiones “rentables” hoy pero contrarias a la ciencia suelen generar picos artificiales seguidos de colapsos. Eso destruye empleo, inversión y credibilidad.

En uno de los sistemas pesqueros más grandes del mundo, como es el peruano, esto es todavía más crítico por la alta variabilidad ambiental. Aquí, ignorar la ciencia no solo es irresponsable, sino que es económicamente torpe.

El sistema peruano se basa en: Recomendación científica de Instituto del Mar del Perú y decisión final del Ministerio de la Producción del Perú.

El problema en 2026: Se abrió la temporada con señales tempranas de alta presencia juvenil en varias zonas.

Qué debió pasar: Postergar o fraccionar la apertura y abrir solo zonas con mayor proporción de adultos.

Qué pasó: Se privilegió una apertura más amplia → mayor exposición al riesgo.

En el Perú, falla el sistema cuando instituciones como el Instituto del Mar del Perú generan evidencia científica que sugieren precaución; pero la decisión política tomada por el Ministro de la Producción va por autorizar la apertura de la temporada con alta presencia juvenil. Posteriormente, muestra una débil fiscalización en tiempo real. Por otro lado existe presión económica de la industria, de la cual no es capaz de evadirse y maquilla el asunto con el uso insuficiente de cierres de zonas con juveniles.

¿Dónde exactamente está fallando el sistema? En 3 fallas estructurales:

1. Falla de precaución: Se abre la temporada con incertidumbre alta → debería ser al revés.

2. Falla de velocidad: El sistema reacciona tarde frente a datos de juveniles.

3. Falla política: Las decisiones no son 100% consistentes con la evidencia científica.

Cuando ocurre esto, se está frente a un riesgo serio de altos porcentajes de juveniles en desembarques; flotas operando en zonas con alta concentración juvenil; cierres tardíos o parciales y se pretende echar paños fríos al asunto con un discurso oficial minimizando el problema.

La captura intensiva de anchoveta juvenil es una de las formas más rápidas de erosionar la biomasa sin que el colapso sea inmediato pero sí inevitable. No es un problema menor ni económico o financiero, es biología  de poblaciones de peces. Cuando se ignora, el costo lo paga todo el sistema: pesca, economía y ecosistema.

No es que el sistema no tenga herramientas. El problema es cómo se están usando. En 2026, el patrón observable es, como en anteriores temporadas, el siguiente: Se detecta juvenil → se pesca igual → se corrige tarde → se repite.

Eso, acumulado, sí pone en riesgo la biomasa futura, incluso si hoy las cifras totales de captura parecen “normales”.

Sin ciencia no hay recurso; sin recurso no hay economía.

 ¿CUÁL ES LA SOLUCIÓN PARA QUE ESTO NO SE REPITA AÑO TRAS AÑO, TEMPORADA TRAS TEMPORADA?