Ocurre que funcionarios temporales (designados por resolución) toman decisiones importantes.
Esto es legal dentro del marco administrativo peruano. Por otro lado, los ministerios como el Ministerio de la Producción funcionan incluso cuando hay cambios políticos, gracias a equipos técnicos de relativa permanencia en algunos cargos. Pero eso no significa que sea lo ideal.
No es tanto el carácter “temporal” lo que define el problema, sino la calidad, independencia y rendición de cuentas de quienes toman decisiones. Los funcionarios temporales pueden ser incompetentes, inmorales o capturados por intereses en algunos casos. Pero no es una condición automática ni inevitable.
Pero sí hay riesgos estructurales cuando sectores estratégicos como la pesca —clave por su peso económico y social— quedan en manos de autoridades con mandatos cortos o débil legitimidad política, como los siguientes:
1. Falta de continuidad
La gestión pesquera
requiere políticas de largo plazo (sostenibilidad de recursos, cuotas,
investigación científica). Cambios frecuentes de autoridades pueden romper esa
continuidad.
2. Vulnerabilidad a presiones
Funcionarios temporales
o políticamente débiles pueden ser más sensibles a presiones de grupos de
interés (empresariales, gremiales o políticos), sobre todo si no tienen
respaldo técnico o institucional sólido.
3. Déficit de visión estratégica
Sin una agenda clara de
país —por ejemplo, sostenibilidad, valor agregado, formalización— la gestión
puede volverse reactiva y fragmentada.
4. Riesgo de captura regulatoria
Cuando quienes deberían
regular terminan respondiendo, directa o indirectamente, a los administrados o
a actores con poder.
También hay matices importantes:
No todos los funcionarios temporales son ineficientes; algunos equipos técnicos mantienen cierta estabilidad y conocimiento institucional, pero es una situación que puede cambiar por presión política.
El problema no es solo “quién está”, sino cómo está diseñado el sistema: reglas, transparencia, controles, meritocracia. Entonces, la pregunta de fondo no es solo quién ocupa el cargo, sino qué mecanismos existen para limitar esos riesgos.
Algunas claves:
Se requiere de Instituciones técnicas fuertes y autónomas (por ejemplo, institutos científicos que definan cuotas con base en evidencia).
Se requiere carreras públicas meritocráticas, que reduzcan la dependencia de nombramientos políticos.
Se necesita transparencia y rendición de cuentas en decisiones regulatorias.
Debe existir participación equilibrada de actores (industria, pescadores artesanales, academia, sociedad civil).
Es necesario que existan reglas claras y estables, que no cambien con cada gestión.
En resumen:
El futuro pesquero puede verse afectado si predomina la improvisación o la captura de intereses. Pero no es un destino inevitable. El factor decisivo no es solo la “calidad moral” de individuos —difícil de garantizar— sino la fortaleza del sistema institucional que los rodea.
