Raúl Castillo Rojas
Marcos Kisner Bueno
Sin conocimiento real de la pesca artesanal, de sus costumbres,
historia, vivencias, problemas y necesidades, así como de su idiosincrasia,
todo intento de regularla, normarla y atenderla es solo ilusión, incertidumbre
y conflictos permanentes.
Politiquería inútil a la que le siguen las visitas a las caletas, los
préstamos, bonos, mesas técnicas y
mecidas, una tras otra hasta que termina el turno de la administración y entra
una nueva, que por lo general tampoco entiende el tema y se repite el ciclo. La
autoridad de turno, que no conoce de pesca, solo quiere pasar el tiempo y que
el cargo le dure lo más posible, pero es difícil creer que tenga la voluntad de
servir realmente al futuro y a los intereses del sector.
PRODUCE acumula disposiciones, requisitos y mecanismos de fiscalización,
mientras persisten los problemas de formalización, infraestructura,
financiamiento y comercialización. ¿Se está regulando la pesca artesanal desde
el conocimiento de su realidad o desde la burocracia ministerial?
El análisis no debe limitarse a describir las normas. Debemos
reconstruir el universo normativo de PRODUCE y confrontar cada disposición con
sus efectos reales. Así podremos determinar, con evidencia documental, cuáles
son los errores de diseño regulatorio, cuáles son las responsabilidades
institucionales y qué reformas necesita la pesca artesanal.
Un documento técnico de la FAO publicado ¡¡¡hace 25 años!!! sobre
las comunidades pesqueras a pequeña escala era de lectura obligatoria en los
despachos ministeriales del Perú y no para archivarlo como teoría abstracta,
sino para generar un urgente despertar en las autoridades pesqueras,
quienes parecen no tomar conciencia del daño real y la parálisis que sus
decisiones, o la falta de ellas, provocan
en el litoral. Legislar para el mar peruano desde la comodidad de un escritorio
estatal no es solo un error metodológico; es una irresponsabilidad política que
asfixia la soberanía alimentaria del país.
Hay que decir las cosas claras: la gestión de la pesquería artesanal en
el Perú ha acumulado históricamente pocos éxitos. Sería reconfortante pensar
que esto se debe únicamente a las severas limitaciones presupuestales o a la
falta de tiempo para procesar la ciencia. Sin embargo, la realidad apunta a un
diagnóstico más severo. Gran parte del caos actual proviene de una profunda
desconexión y un alarmante desconocimiento de las dinámicas sociales de las
caletas. Peor aún, el sector parece estar secuestrado por mentes obtusas y
dogmáticas que imponen visiones centralistas y punitivas, completamente ciegas
a la realidad de supervivencia del pescador artesanal.
El resultado de esta miopía estatal está a la vista: una telaraña
normativa que cambia las reglas del juego a mitad de la marea, sembrando una incertidumbre
jurídica asfixiante y detonando conflictos sociales que se pudieron evitar.
Cuando una autoridad diseña un decreto que afecta la actividad en lugar de
habilitar rutas de formalización realistas, no está ordenando el sector; lo
está empujando a la clandestinidad y ensanchando las históricas brechas de
desigualdad socioeconómica.
Es hora de que las autoridades despierten y entiendan que el
ordenamiento no se decreta, se cogestiona. Insistir en modelos rígidos y
verticales frente a recursos tan dinámicos como la pota o el perico, ignorando
la voz y el conocimiento empírico de los gremios artesanales, es una necedad
que solo beneficia a la ilegalidad. Salvaguardar los derechos de acceso
preferencial de los pescadores tradicionales no es un tema de beneficencia; es
una necesidad estratégica para blindar la mesa de millones de peruanos.
Para salir de este entrampamiento, la confrontación debe dar paso a la
sensatez a través de una propuesta de diálogo urgente, vinculante y
descentralizada. El Ministerio de la Producción debe convocar de inmediato a la
instalación de Mesas Macroregionales de Cogestión Pesquera-Norte, Centro
y Sur- que reúnan de manera paritaria a los verdaderos líderes de los gremios
artesanales, científicos, académicos, expertos y técnicos del sector. No se trata
de otra mesa informativa para cumplir el protocolo, sino de un espacio de
concertación técnica donde cada nuevo reglamento o cuota sea evaluado bajo la
luz de la realidad de la caleta antes de ser publicado. Solo democratizando la
información y abriendo las puertas del ministerio a quienes verdaderamente
conocen el mar, podremos transformar la desconfianza actual en un modelo de
desarrollo sostenible y predictivo. Si la política pesquera insiste en mantener
los ojos cerrados, la crisis social terminará por despertar al país de la
manera más dolorosa.
“La
pesca es considerada una de las actividades de subsistencia más antiguas y representativas
en el mundo; además, de ser una fuente de alimentación y de ingresos económicos
para las personas que lo practican. También, es considerada como una actividad
de extracción sumamente importante porque proporciona alimento rico en nutrientes
y beneficios para el organismo. Siendo uno de los sectores más influyentes para
la economía, su rentabilidad depende netamente de los factores climáticos,
divisas, desarrollo de actividades y estrategias por parte del Estado, y es por
ello, que muchas veces este sector es gravemente afectado.
En
vista de las regulaciones y políticas que los gobiernos han venido
implementando para tener un control y mayor productividad en el sector, muchas
personas en su desesperación, han optado por la pesca artesanal como medio para
subsistir y obtener ingresos propios. Cuando se habla de pesca artesanal, se
hace alusión a la actividad que realizan ciertas personas bajo sus propios
medios y herramientas para recolectar especies y poder ofrecerlas al mercado,
sin embargo, estas personas tienen un radio de acción limitado debido a que con
sus embarcaciones son pueden movilizarse muy lejos (Zambrano et al., 2021).
Esta
actividad se caracteriza por ser informal, debido a que no se encuentra
regulada ni supervisada por las autoridades o instituciones pesqueras,
asimismo, es muchas veces practicada por el núcleo familiar, heredada de
generación a generación. Además, la pesca artesanal es considerada una
actividad que respeta al medioambiente y a las prácticas de cuidado ecológico,
ya que tiene fines sociales, económicos y culturales; es por ello que es una
opción para que pequeños emprendedores tengan la posibilidad de acceder a un
sustento o tenerla como mecanismo de movilidad social (Camus & Arias,
2015).
Por
otro lado, las personas que lo practican, muchas veces no cumplen con los
estándares mínimos de cuidado y extracción de especies, lo cual evita que
existan cadenas productivas para tener un desarrollo empresarial y poder
competir en la escala industrial.
La
pesca artesanal es definida como una actividad realizada por profesionales o
personas en sociedad para atrapar especies marinas, a través de redes de
enmalle o herramientas sencillas arrojadas desde embarcaciones pequeñas. La
producción de esta actividad es de escala menor y, los productos que se ofrecen
suelen ser comercializados para generar un sustento o mejorar la calidad de
vida (Silva et al., 2019). Igualmente, la pesca artesanal es catalogada como un
proceso o actividad que desempeña un papel importante en el desarrollo social,
cultural y económico, ya que surge a causa de las presiones del mercado y las
regulaciones de la actividad. En el pasado, fue concebida como una actividad
enteramente masculina, ya que las mujeres eran un actor secundario, casi
invisible, pero en la actualidad, esta división de labores ha quedado atrás
(Nakiyende et al., 2022).
Lo
cierto es que es que la captura de especies marinas, surge desde hace años
atrás, cuando los hombres se unían en pequeños grupos y en botes de remo para
recoger peces y recursos marítimos con qué alimentarse, remontándose a los años
50. Inicialmente, la pesca artesanal era realizada por productores de zonas
costeras, quienes utilizaban sus propias manos o pequeñas lanzas, las cuales
eran arrojadas a las aguas continentales y al mar; pero, poco a poco las
técnicas fueron evolucionando. Incluso, antiguamente era considerada como una
actividad de refugio, es decir, era una alternativa al cual las personas podían
recurrir mientras realizaban otros tipos de trabajo o cuando había algún tipo
de crisis (Carbonell, 2020)”.
FUENTE
Condiciones culturales y
socioeconómicas de las caletas pesqueras artesanales en Yacila y Carquín, Perú
Walter Alvites Ruesta,
Roberto Quesquén Fernández, Cynthia Lisette Jo Rivero, Rodolfo Martín Cornejo
Urbina.
“Una
aplastante mayoría de la población pesquera mundial está formada por los
miembros de comunidades pesqueras en pequeña escala que aportan una valiosa
contribución a los suministros alimentarios de la humanidad. Para mejorar el bienestar de estas personas
será imprescindible que los funcionarios de pesca comprendan cómo están
organizadas y funcionan sus comunidades, cuáles son las orientaciones
importantes de sus valores y cómo se las puede fortalecer y proteger. Además, para comprender mejor las culturas de
las comunidades pesqueras en pequeña escala será importante también utilizar
métodos para estudiarlas que ofrezcan información valiosa, fiable y útil.
En
el curso de su desarrollo, gran parte de la ciencia de ordenación pesquera,
tanto teórica como práctica, ha estado mal enfocada. Mientras sus principales preocupaciones
deberían haber sido los seres humanos que utilizan los recursos pesqueros, sus
fundamentos han sido realizados principalmente por biólogos, economistas,
administradores y políticos, preocupados en primer lugar de la conservación de
importantes especies biológicas marinas y, en segundo lugar, de asignar los
recursos pesqueros y elevar al máximo los beneficios económicos de los
mismos.
Este
estado de cosas es comprensible si recordamos que, cuando nació la moderna
ciencia pesquera hacia fines del siglo XIX, las disciplinas científicas de la
biología y la economía se hallaban ya bien adelantadas, mientras que las
ciencias sociales estaban todavía en su infancia.
Y
la herencia de estos primeros comienzos puede verse todavía en gran parte de la
ordenación pesquera actual. Es preciso que tanto la ciencia como la práctica y
las políticas de ordenación pesquera hagan más hincapié en el hecho de que la
pesca es un fenómeno humano.
Esencialmente, las pesquerías son lugares donde las actividades humanas
están vinculadas con ecosistemas marinos y recursos renovables. En efecto, la actividad pesquera humana es
uno de los atributos que define una pesquería, ya que, sin ella, habría sólo un
espacio acuático donde viven varias especies marinas.
Es
evidente, por lo tanto, que las pesquerías son mucho más que regiones
geográficas, métodos de pesca, tipos de artes, especies concretas de peces,
recursos naturales o sectores económicos, es decir, son algo mucho más humano.
Por
consiguiente, es imprescindible ahora que los funcionarios de pesca tengan que
repensar lo que son las pesquerías, comprendiendo que su tarea no consiste sólo
en la ordenación de recursos naturales y sistemas económicos, sino también en
la ordenación de personas, los pescadores.
Para que la ordenación pesquera tenga más éxito en el futuro debe
integrar preocupaciones sociales y culturales con las preocupaciones biológicas
y económicas que hasta ahora han sido más tradicionales.
Y
en último término, la medida de su éxito será el bienestar que promueve para
las personas que viven en comunidades pesqueras”.
Fuente
Comprender las culturas de
las comunidades pesqueras Clave para la ordenación pesquera y la seguridad
alimentaria. FAO DOCUMENTO TÉCNICO DE PESCA 401